El ciclo menstrual

El ciclo menstrual es un ciclo hormonal mediante el cual el cuerpo produce hormonas que contribuyen a la salud y el funcionamiento del cuerpo. Es un proceso cíclico y continuo que implica la maduración y liberación de óvulos por parte de los ovarios, el engrosamiento de la capa del revestimiento interno del útero (el endometrio), que se vuelve rica en sangre para un posible embarazo y la liberación de esta capa de tejido a mitad de la menstruación. Una mujer puede tener, en su vida reproductiva (los años fértiles de su vida), alrededor de 400 ciclos menstruales. Un ciclo menstrual dura, en promedio, 29 días, pero puede variar entre los 21 y 35 días y considerarse saludable. El ciclo menstrual comienza el primer día de la menstruación (con flujo de sangre de color rojo intenso) y finaliza un día antes de que comience la siguiente menstruación.

Orquesta perfecta de hormonas

El ciclo menstrual está regido por hormonas secretadas por la glándula pituitaria (glándula endocrina maestra ubicada en la base del cerebro) y los ovarios. Se puede dividir en dos grandes fases: la fase folicular, en la que la hormona dominante es el estrógeno (específicamente el estradiol), y la fase lútea, en la que predomina la progesterona.

 

Fase folicular

 

La primera fase del ciclo menstrual es la fase folicular. Comienza el primer día de la menstruación y dura hasta la ovulación.

En esta etapa, con la acción de la FSH, comienza el proceso de maduración de los folículos en los ovarios. Los folículos son como “bolsitas” que contienen óvulos sin madurar.

En la fase folicular, la hormona dominante es el estrógeno, producido en los ovarios. Poco después de la menstruación, los niveles de estrógeno aumentan. Con un aumento en la cantidad de esta hormona, podemos sentirnos más activas, llenas de energía y con más energía. El estrógeno aumenta la libido, mejora la disposición y el estado de ánimo. También podemos sentirnos más alegres, dinámicas y optimistas debido al aumento de la serotonina (que favorece la sensación de bienestar y felicidad) y la dopamina (que se asocia con la motivación y el placer). La fase folicular es la primavera del ciclo menstrual, su energía es de expansión y comienzo de un nuevo ciclo. Podemos sentirnos más seguras y se activa toda nuestra fuerza creativa. Esta fase no tiene una duración fija, ya que varía según el tiempo que tarda el folículo en crecer y liberar el óvulo.

El estrógeno estimula el crecimiento del revestimiento del útero y la producción de moco cervical. El moco cervical es como un gel y lo podemos notar al aplicar papel higiénico en la vulva o al introducir un dedo en el canal vaginal. Su consistencia puede ser cremosa, pegajosa, elástica o líquida. Cuanto más cerca estamos de la ovulación, más líquida y transparente se vuelve, como la clara de un huevo. El moco cervical es un líquido saludable en nuestro cuerpo, muy diferente a la secreción (amarillenta o verdosa), que indica una infección. El moco cervical tiene un pH alcalino, lo que permite que los espermatozoides pasen rápidamente a través del canal vaginal (que tiene un ambiente muy ácido) y sobrevivan en las trompas uterinas hasta por cinco días. Por tanto, la presencia de moco cervical (de cualquier tipo) indica que somos fértiles.

Cuando estamos cerca de la ovulación, los estrógenos alcanzan su punto máximo. ¡La mucosidad se vuelve cada vez más líquida y nuestra libido tiende a aumentar! Podemos sentirnos más bellas, atractivas y disponibles.

 

Ovulación

Cuando un folículo finalmente madura, la hormona LH envía un mensaje al ovario para que libere el óvulo. Después de salir del ovario, el óvulo es capturado por las fimbrias (que son como deditos en los extremos del útero) y llevado a las trompas uterinas. En el momento de la ovulación, podemos sentir algo así como un ligero pellizco en un lado de los ovarios. La liberación de óvulos varía aleatoriamente de un ovario a otro. En un ciclo puede producirse ocasionalmente una doble ovulación, pero si se produce, siempre será en un plazo de hasta 24 horas entre una ovulación y otra. El óvulo permanece en el organismo hasta 24 horas y, si no se produce la fecundación, se desintegra y es reabsorbido por el organismo.

La fase folicular dura hasta la ovulación. Es común que la ovulación ocurra alrededor del día 14 o 15 del ciclo menstrual, pero puede tardar un período más corto o más largo en ocurrir. No es posible predecir con exactitud la fecha de la ovulación, pero sí podemos percibir (y registrar) los signos de nuestro cuerpo que indican su proximidad –como la presencia de moco cervical, el cambio en la altura del cuello uterino (cuando somos fértiles, nuestro cuello uterino se vuelve más alto y más suave, y el orificio se abre ligeramente (podemos tocarlo al introducir un dedo en la vagina durante la ducha, por ejemplo), ¡podemos sentirnos húmedas y más cachondas! En el periodo cercano a la ovulación, es cuando somos fértiles. Ser fértil significa que, si mantenemos relaciones sexuales con pene y vagina de por medio, tenemos posibilidades de quedarnos embarazadas.

Poco después de la ovulación, podemos notar los signos que indican que se ha producido, como un aumento de la temperatura basal, un cambio en el patrón de la mucosidad -que ahora se vuelve seca- y del cuello uterino -que se vuelve firme, bajo y cerrado-.

¡Ser fértil es diferente a ovular! La ovulación es un evento que dura unas 24 horas, pero somos fértiles durante aproximadamente 7 días, que es el periodo en el que producimos moco cervical húmedo que permite que los espermatozoides sobrevivan en nuestro cuerpo.

 

Fase lútea

 

Después de la ovulación comienza la segunda fase del ciclo, la fase lútea. Esta fase va desde el día de la ovulación hasta el día anterior a la menstruación, cuando comienza un nuevo ciclo menstrual. El folículo vacío (esa pequeña bolsa que contiene los óvulos) se convierte en una glándula endocrina temporal, llamada cuerpo lúteo (de ahí el nombre “fase lútea”). El cuerpo lúteo produce progesterona, que actúa sobre el endometrio, volviéndolo aún más nutritivo y vascularizado y permitiendo el sustento de un posible embarazo. Su nombre indica su función principal: pro-embarazo. La progesterona es una hormona calmante, moderadora del estado de ánimo y tiene una cualidad «yin». Actúa contrarrestando la acción de los estrógenos (la hormona de la primera fase del ciclo), por lo que su acción es muy importante para nuestra salud.

La acción de la progesterona eleva la temperatura corporal. Por tanto, controlar la temperatura basal (temperatura corporal en reposo) durante todo el ciclo es la mejor forma de confirmar la aparición de la ovulación.

Si el óvulo no es fecundado entre diez y 16 días después de la ovulación, el cuerpo lúteo se desintegra y deja de producir progesterona. Lo que determina la duración de esta fase es la vida útil del cuerpo lúteo, que nunca supera los 16 días.

Con la desintegración del cuerpo lúteo se produce una caída de los niveles hormonales (lo que desencadena cambios de humor alrededor de cuatro días antes de la menstruación), llamada Tensión Premenstrual (SPM). Este período puede percibirse como una época de mayor creatividad, en la que podemos acceder a emociones profundas, tener sueños vívidos y donde podemos sentirnos menos disponibles a las demandas externas y necesitar más tiempo para nutrirnos. Para muchas mujeres, este puede ser un período desafiante, especialmente en un mundo que requiere que seamos siempre productivas, racionales y disponibles. Podemos recuperar los potenciales de esta fase y apropiarnos de ellos para reescribir las narrativas que descalifican nuestros cuerpos y los ciclos de la cultura dominante.

 

Menstruación

La caída de progesterona estimula al útero a contraerse y desprenderse de su revestimiento interno, producido en el ciclo anterior. La menstruación es el evento final de todo este ciclo hormonal y está compuesta por sangre, moco cervical, secreciones vaginales y revestimiento uterino. Mientras esto sucede en el útero, los ovarios comienzan a madurar nuevamente sus folículos, comenzando una nueva fase folicular. Por tanto, el primer día de la menstruación es también el inicio de un nuevo ciclo.

Durante la menstruación podemos sentir una disminución de la energía y cansancio físico. Los calambres y las molestias en la zona lumbar o en la región pélvica son normales, pero no deberían ser lo suficientemente graves como para requerir analgésicos. Si hay mucho dolor, es un indicativo de que algo no va bien.

La menstruación es el invierno del ciclo, una época que exige descanso y recogimiento. Si tu realidad te lo permite, descansa y reduce el ritmo durante este período. En algunos países del Norte Global, existe un movimiento creciente para aprobar leyes que apoyen la menstruación, como una que da derecho a las mujeres con períodos abundantes a tres días a una baja menstrual remunerada. En una sociedad que exige una productividad constante, hacer una pausa puede ser un desafío, pero también puede ser un movimiento revolucionario de autocuidado que desafíe las imposiciones sociales hegemónicas.

Podemos observarnos atentamente para comprender cómo nos sentimos en este momento del ciclo y así recibir los regalos que nos trae esta fase, que pueden ser: calma, creatividad, sueños lúcidos, visiones, etc. Algunas tradiciones asocian esta fase con el arquetipo de la anciana o la bruja, sin embargo, más que adoptar modelos externos, nuestra invitación es a que te observes y entiendas cómo eres y cómo te sientes durante tu período, a tu manera y única.

¡La menstruación nunca llega tarde! Siempre llega en un período predecible después de la ovulación. Lo que puede retrasar es la ovulación, que no tiene fecha establecida y está influenciada por factores externos: como el estrés, uso de medicamentos, viajes, entre otros.

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