Las fases de la Luna y sus equivalencias simbólicas

La Luna siempre ha sido considerada un marcador natural de los cambios periódicos que ocurren en los reinos vegetal y animal, mostrando el momento adecuado para plantar, cosechar, aparear animales, cazar, pescar y viajar. La danza de la Luna alrededor de la Tierra dura unos 29,5 días (lo que corresponde a una lunación), aproximadamente la duración del ciclo menstrual y un mes en el calendario gregoriano. La Luna mueve las aguas de la naturaleza, dentro y fuera de nosotras.

Este texto comparte las posibles relaciones entre el ciclo lunar y el ciclo menstrual.

 

LUNA NUEVA

La luna nueva marca el final de un ciclo y el comienzo de otro. Hay oscuridad en el exterior, la savia de las plantas se acumula en las raíces y solo volverá a subir cuando vuelva la luz. No vemos bien lo que hay fuera, pero podemos escuchar y comprender mejor lo que hay dentro. Es un momento para hacer una pausa, descansar y prepararse para el nuevo ciclo que comienza. Es un buen momento para meditar, escribir, escuchar nuestra intuición y sembrar intenciones. Crear las bases, aunque no todas las semillas germinen ni todos los proyectos tengan éxito.

Es la muerte y el renacimiento, como el primer día del ciclo menstrual, cuando sangramos. En esta etapa del ciclo menstrual tenemos menos energía física y nuestra fuerza se dirige hacia adentro, hacia nuestra energía espiritual y psíquica. Durante este período podemos tener una mayor apertura al inconsciente, accediendo a sueños, recuerdos y también visiones para dar vida a proyectos que se pueden realizar en otros momentos del ciclo.

Otra correspondencia simbólica y energética con la luna nueva es el solsticio de invierno, cuando llegamos a la noche más larga del año y, poco a poco, su duración disminuye en relación a la duración del día.

 

LUNA CRECIENTE

Después de la oscuridad absoluta de la luna nueva, el Sol poco a poco vuelve a tocar cada vez más superficie de la Luna y refleja esta luz hacia la Tierra a través de un hilo de luz en el cielo que crece cada noche, iluminando los caminos cada vez más nocturnos. Los animales viajan y estimulan la savia de la planta para que suba lentamente hacia las hojas. Toda la naturaleza responde a este estímulo, dirigiendo poco a poco su energía hacia el exterior, tal y como podemos sentir en la fase preovulatoria.

En esta etapa podemos sentirnos más dispuestas y activas. Es un momento de acción, expansión, esperanza y crecimiento, de dirigir nuestra energía hacia afuera y nutrir lo que queremos que crezca en el mundo. Esta fase nos pone en contacto con todo lo bello que hay dentro de nosotras, con el amor propio y la confianza necesaria para que las cosas sucedan.

Otra equivalencia simbólica y energética con la luna creciente, además de la fase preovulatoria, es el equinoccio de primavera.

 

LUNA LLENA

En luna llena, tenemos el pico de luminosidad de la luna reflejada hacia la Tierra. Este se considera un buen momento para cosechar o recibir los regalos de lo trabajado en la primera fase del ciclo. La savia de la planta se concentra en la copa y los extremos del árbol, más cerca del cielo iluminado. Por tanto, esta es la mejor época para cosechar plantas medicinales y aromáticas, que tendrán los mayores niveles de sus principios activos en sus hojas y flores. Es una época de fertilidad, al igual que la fase ovulatoria del ciclo menstrual.

La energía de la fase ovulatoria del ciclo menstrual puede ser de celebración, de agradecimiento, de mirar con claridad lo que estamos creando y sembrando en el mundo y de aportar nuestra intención y energía para potenciar lo que queremos ver crecer. Es un buen momento para socializar y celebrar. Podemos sentirnos más atractivas, seguras, comunicativas y tener más deseo sexual.

Otra equivalencia simbólica y energética con la luna llena, además de la fase ovulatoria, es el solsticio de verano.

 

LUNA MENGUANTE

Después del pico de la luna llena, todavía nos quedan unos días de gran luminosidad lunar nocturna, pero va disminuyendo paulatinamente. La cara visible de la Luna deja de recibir luz del Sol y ésta se refleja en los seres de la Tierra, quienes inician un descenso hacia el interior, un regreso a la intimidad. La savia de las plantas comienza a fluir hacia las raíces a medida que nos acercamos a la próxima luna nueva. Cuanto menos vemos el entorno externo, más abrimos nuestros ojos internos. En este momento, cuando la luz comienza a disminuir, la internalización se intensifica, al igual que en el período premenstrual del ciclo menstrual.

En esta etapa podemos sentirnos más sensibles al ruido y a las miradas externas. Podemos sentir que nuestra fuerza creativa y nuestro poder intuitivo aumentan. Para manifestar este poder personal necesitamos dejar ir lo que puede estar bloqueándonos y dejar espacio para lo nuevo. La fase premenstrual o #SPM nos llama a la responsabilidad. Esta fase es una preparación para lo que necesita morir para que nazca algo nuevo. Puede ser un momento de revelación, de sacar a la luz lo que se estaba omitiendo o reprimiendo. Cuando analizamos estas posibilidades, entendemos por qué esta fase puede ser tan intensa y tan ocupada internamente. Este puede ser exactamente el momento de escuchar lo que necesita ser escuchado y dejar que nuestro mundo interno nos revele lo que se esconde detrás de nuestras ansiedades, miedos, frustraciones e impaciencia. Saber escuchar y honrar esta fase nos ayuda a sanar nuestra relación con ella.

Otra equivalencia simbólica y energética con la luna menguante, además de la premenstruación, es el equinoccio de otoño.

 

Es importante recordar que cada persona tiene un ritmo único y que no es necesario encajar en ningún patrón.

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